viajar sin pantallas

Viajar sin pantallas

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Como ya sabéis, desde que mis hijas vinieron a este mundo han estado viajando.  Con tantas idas y venidas hemos ido aprendiendo cómo organizarnos, cómo planificar el tiempo, qué llevar en las maletas…y el caso es no somos expertos, ni mucho menos. Conforme las niñas van creciendo vamos mejorando cambiando nuestro sistema. Pero algo que ha seguido igual es el evitar el uso de móviles o tablets para entretenerlas durante los viajes. De esto, del no uso de pantallas, es de lo que os quería hablar en este mini post.

Cuando era pequeña mis padres no me llevaron de viaje. Nunca monté en avión con ellos ni pasamos niguna noche en algún hotel. Lo que sí hacíamos a menudo era viajar en coche.  Ibamos a pasar el día a algún  pueblo, fuimos a Granada, a la costa de Cádiz, a Sevilla.  Mi padre incluso me llevó a Gibraltar a pasar el día.

Viajar en coche no era algo sólo para excursionse sino también para ir al pueblo a pasar el fin de semana. El viernes pasábamos casi 45 minutos por la tarde viendo campos de olivo y cereales y el domingo, al regresar de noche, sólo se veía negro.

Ir en coche era pelearse por ver quién se sentaba detrás de mi padre. Discutir si abríamos la ventana o no (yo siempre decía que me ahogaba si no me entraba aire). Hacer alguna que otra parada para vomitar. Escuchar la radio o Mocedades. En los días de frío, si me sentaba junto a la ventana, hacía dibujitos en el vaho que se formaba en el cristal. A veces llevaba un libro conmigo y leía. Como aún no era obligatorio llevar el cinturón solía sentarme con medio cuerpo entre los dos asientos delanteros para ir bien viendo la carretera y poder hablar más con mis padres.

No eramos de cantar, ni de jugar al veo veo, ni de parar cada cierto tiempo a comer. Pero ir en coche pocas veces era aburrido. Muy pocas veces. Eran oportunidades de ver paisajes, de pensar, de imaginar historias, de hablar, de discutir y pelearse. Todo eso era parte de ir de viaje.

Ahora parece que ir en coche es una pérdida de tiempo. Un paréntesis dentro del viaje. El viaje es llegar al destino. No el camino. Hay que entretener a los niños para que no se aburran. Para que no molesten. Muchos llevan móviles, tablets o dvds instalados para que, nada más montarse en el coche, vayan calladitos viendo una peli o jugando.

Será porque en algunas cosas soy nostálgica. O un poco “old fashion” pero no quiero que mis hijas vayan “enchufadas” a una pantalla sin darse cuenta de lo que ocurre a su alrededor. Quiero que vean el mundo pasar. Que hablen conmigo. Que escuchen música. Que se aburran. Que se duerman. Que peleen por parar en el siguiente parque que vean. Que miren por la ventana, calladas, perdidas en sus pensamientos y que…salida de la nada te hagan una pregunta o un comentario. Prueba de que su mente ha estado dándole vueltas a algo.

Y esto puede que suele idílico. Muy pedagógico. Para nada. De hecho hay veces que Roland se tiene que poner unos auriculares como los que llevan los obreros para no oirlas gritan. Que yo me tenga que girar e intentar parar el intercambio de empujones y gritos. Que paremos porque nos ponen de los nervios. Pero aún así, aunque no siempre sea fácil no quiero redirme a las nuevas tecnologías. Lo siento, pero en mi cabeza no forman parte del viaje. Por lo menos no para mis hijas a esta edad.

Lo que no quita que, de vez en cuando, sienta un pelín de envidia de amigos que pasan horas en coche, tranquilos, mientras  los peques van detrás viendo una peli. De hecho, Roland me preguntó el otro día si queríamos caer es esa tentación para nuestro “road trip” del verano. Al final, decidimos que no. Que nos quedamos como estamos y que cruzaremos los dedos para que las dos bichillos se porten civilizadamente.

¿Y vosotros? ¿Cómo se portan vuestros peques? ¿Qué hacéis cuando viajáis? ¿Soís de que vean pelis? ¿Cantáis a coro? Contadme que me gusta saber/aprender de vosotros!

 

 

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