Paseando por Viena

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Llevaba tiempo dándole vueltas a la idea de pasar unos días en Viena a solas con mi peque grande. Así que, antes de que llegue el mal tiempo de verdad, hicimos las maletas y nos fuimos en tren.
El viaje fue rápido y, entre picar algo, mirar el paisaje y contar cuentos, se nos pasó volando.
Una vez en Viena dejamos las maletas en la consigna de la estación (que no fue fácil de encontrar) y empezamos a caminar.
El tiempo, que al principio no estaba tan mal, empezó a empeorar así que acabamos en el Dschungel
una especie de restaurante/bar familiar. La comida está riquísima, tienen muchas tronas para bebés, una casita para jugar y casi siempre está lleno de mamás con carritos.

Después de un par de horas esperando a que dejara de llover intentamos conseguir entradas en el Kindermuseum. Este museo para niños está justo enfrente del bar y ofrece varias “exposiciones/talleres” para peques de 0 a 14 años. Si no sabes alemán no es un problema porque todo está pensando para que los niños participen activamente. Lo malo es que las entradas son limitadas y hay que reservarlas. Nosotras preguntamos por si había alguna cancelación y tuvimos suerte: entradas para el Ton Workshop!.

Este workshop consistía en trabaja la arcilla con distintas herramientas. Los niños se ponen un mono de trabajo, una crocs, se les da una pequeña explicación de las herramientas…y hala, hora y media de amasar arcilla.
Por cierto, los niños entran gratis y el adulto que los acompaña paga 6€.

Al día siguiente salimos temprano preparadas para ver muchas cosas. Nuestra primera parada fue el museo de historia natural.  O, en alemán, Naturhistorisches Museum. Aquí la entrada para niños hasta los 19 años es gratuita y los adultos pagan 10€.
El edificio tanto por fuera como por dentro es precioso pero, aunque hay algunas cosas interactivas, la mayor parte de la exposición son vitrinas con miles y miles de objetos: meteoritos, piedras, insectos, dinosaurios, animales, etc. un poco antiguado, la verdad.
De todas formas a la peque le gustó mucho y entre una sala y otra se nos fue casi toda la mañana. Para hacer una pausa os recomiendo tomar algo en la cafetería, es preciosa, y tiene unos ventanales enormes. Además no tiene unos precios bastante razonables y platos para niños.

Creo que a mi hija lo que más le gustó fue subir y bajar la escalinata imaginando que era cenicienta perdiendo el zapato.

Después de ser una princesa nada más apropiado que visitar el castillo de una de las más famosas princesas (bueno, perdón, emperatrices) de la historia: Sisí. Su residencia está enfrente del museo así que allí que fuimos.

Hofburg, era la residencia oficial de los emperadores y está en pleno centro de Viena. El otro palacio famosos Schönbrunn está más a las afueras y era la residencia de verano. Yo he estado varias veces en los dos y me parecen igual de interesantes y parecidos. La gran diferencia es que Schönbrunn tiene jardines que, cuando el tiempo y la estación del año acompaña, son muy bonitos para pasear. Si tenéis poco tiempo y sólo queréis visitar uno os recomiendo el Hofburg porque está en el centro y os ahorráis pagar metro.

A partir de Noviembre tienen unas visitas para adultos y niños nocturnas. Estas se hacen con una linterna y son guiadas. También tienen visitas especiales para niños donde pueden vestirse de príncipes y princesas.

  Admission with
audio guide 1
Admission with
guide 2
Sisi Ticket
Adults € 12,50 € 15,50
€ 28,00
Children (aged 6-18) € 7,50
€ 9,00
€ 16,50
Students (aged 19-25) 3 € 11,50
€ 14,50
€ 25,00
Disabled persons 4 € 11,50 € 14,50 € 25,00
Vienna Card € 11,50 € 14,50 € 25,00
School groups (aged 6 – 18) 5 € 6,00 € 7,50 € 13,80
Family ticket (2 Adults + 3 children) € 59,00

Tienen varios tipos de entradas: combinadas con otros castillos, para todo el año, con comida, etc. Estos son los precios que incluyen un audio guide (estos aparatitos que te explican todo). Nosotras no lo tomamos porque, la verdad, mi hija de 4 años no tiene paciencia y ella lo que quiere es ver y ver y nada de esperar a que mamá oiga la explicación. Así que entre lo que yo ya sabía de Sisí y lo que leí en los carteles pues más o menos le fue contando cosas.

Eso sí, bien bajito porque todo estaba supersilencioso. Todo el mundo sin decir ni una palabra oyendo su audio guide.
Después de dos museos y con una tarde soleada era obligatorio aprovechar para estar al aire libre. Mi hija, que quería más y más cosas para ver no se aburrió ni un segundo.
  • Tiendas
  • Monumentos

  • Arte callejero

  • Fuentes monstruosas

  • Pastelerias de ensueño como la de Demel que siempre tiene un escaparate dulce, dulce.

En fin, que hay mucho para ver y, para comer! Por cierto, cuando os apriete el hambre os recomiendo los puestos de salchichas, la cadena de bares de pescado Nordsee, o el super Meinl que, además de ser precioso por dentro, tiene comida de todas partes del mundo y un café/terraza donde reanimarse con un poco de cafeína.

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