Melbourne – St.Kilda

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Después de cuatro días en uno de los países más pequeños del mundo tocaba ir a uno de los más grandes.
Nos despedimos a lo grande, en su superaeropuerto, con megacentro comercial, tobogán, columpios, sillas masajeadoras, mariposario, etc. Aunque siempre da pena dejar un sitio, el cosquilleo de saber que íbamos a Australia compensaba la marcha.

 

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Después de varias horas de vuelo (casi todas con los ojos abiertos) por fin llegamos.

Lo primero que hicimos fue ir a la oficina de turismo para preguntar la forma de llegar al barrio de St. Kilda que es donde estaba nuestro hotel. En unos pocos minutos teníamos comprados los billetes y reunido un buen taco de prospectos sobre la ciudad.Por desgracia el minibus que tenía que llevarnos no salía hasta dentro de hora y media. Así que volvimos a entrar al aeropuerto y nos fuimos a desayunar. La verdad es que no había mucho donde elegir y acabamos en la versión australiana de Burguer King. Hungry Jacks.

Al llegar al hotel nos dijeron que teníamos que esperar a que la habitación estuviera lista. Otra vez a hacer tiempo. Con lo cansados que estábamos. Terminamos en un parque donde la mayor se lo pasó a lo grande mientras nosotros sólo nos turnamos para echar una cabezada en el banco.

En cuanto pudimos hacer el check in dimos un paseo por el barrio. Al parecer, esta parte de la ciudad está ganando en popularidad y está bastante de moda. A mí me gustó mucho. Es relativamente tranquila pero, a la vez, con ambiente. Hay muchos bares y está en la playa.

En St. Kilda hay un pequeño parque de atracciones llamado Luna Park al que no entramos porque el jetlag empezaba a matarnos.

En cambio dimos un paseo por el Pier (embarcadero).

Y disfrutamos de las vistas de la ciudad.

A la vuelta vimos que unas chicas estaban haciendo fotos en las rocas del rompeolas. Nos acercamos para ver qué era aquello que tan interesadamente miraban y nos encontramos con:

 

Se trata de los pingüinos más pequeños del mundo que miden sólo 35 centímetros. Cerca de Melbourne, en la Phillip Island,  hay una colonia bastante importante de estos animales. Por la noche, pueden verse a miles entrando en la playa. Pensamos en ir a verlos pero cuando nos enteramos de que para ello hay que pagar entrada y sentarse en una especie de anfiteatro…pues como que se nos quitaron las ganas.

Ese día ya no hicimos nada más porque lo único que nos apetecía era dormir y tratar de ajustarnos lo antes posible al nuevo horario.

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